TEXTO: Juan 20:19
"Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros."
INTRODUCCIÓN:
El miedo es una de las emociones más comunes del ser humano. Todos, en algún momento de la vida, hemos sentido temor frente a una enfermedad, una pérdida, un problema familiar, el futuro o alguna situación que parece superar nuestras fuerzas. Cuando el miedo domina el corazón, puede paralizarnos e impedirnos avanzar en el propósito que Dios tiene para nosotros.
Podemos comparar el miedo con una sombra. Mientras más nos concentramos en ella, parece hacerse más grande; pero cuando la luz aparece, la sombra pierde su poder. Así sucede en la vida espiritual: cuando la presencia de Cristo ilumina nuestro corazón, el temor comienza a desaparecer y la fe ocupa su lugar.
Los discípulos experimentaron esta realidad después de la crucifixión de Jesús. Se encontraban encerrados por miedo, pensando que ellos serían los siguientes en ser perseguidos. Sin embargo, el Señor resucitado se presentó en medio de ellos y transformó su temor en paz, confianza y valor.
AHORA REFLEXIONEMOS POR MEDIO DE LA PALABRA DE DIOS CÓMO PODEMOS SUPERAR EL MIEDO A TRAVÉS DE LA FE EN DIOS:
I) PRIMERA ENSEÑANZA: EL MIEDO PUEDE PARALIZAR NUESTRA VIDA
(Juan 20:19) "...estando las puertas cerradas... por miedo de los judíos..."
El miedo llevó a los discípulos a encerrarse y a perder momentáneamente el ánimo para continuar la misión que el Señor les había encomendado.
De la misma manera, el temor puede impedir que avancemos, tomemos decisiones correctas o confiemos plenamente en las promesas de Dios.
El enemigo utiliza el miedo para sembrar duda, desánimo e inseguridad en el corazón de los creyentes.
Sin embargo, Dios nos recuerda que Él está con nosotros en medio de cualquier circunstancia (Isaías 41:10): "No temas, porque yo estoy contigo..."
También el salmista declaró: "En el día que temo, yo en ti confío" (Salmos 56:3).
Cuando ponemos nuestra mirada en Dios, el miedo pierde el control sobre nuestra vida.
II) SEGUNDA ENSEÑANZA: LA PRESENCIA DE JESÚS TRAE PAZ AL CORAZÓN
(Juan 20:19) "...vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros."
La primera respuesta de Jesús al miedo de sus discípulos no fue un reproche, sino una palabra de paz.
La paz que Cristo ofrece no depende de que desaparezcan los problemas, sino de la seguridad de que Él permanece con nosotros.
Cuando el Señor ocupa el centro de nuestra vida, el temor comienza a dar lugar a la confianza.
Jesús prometió una paz diferente a la que ofrece el mundo (Juan 14:27): "La paz os dejo, mi paz os doy..."
El apóstol Pablo enseñó que la paz de Dios guarda nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús (Filipenses 4:6-7).
Quien permanece cerca del Señor encuentra descanso aun en medio de las pruebas más difíciles.
III) TERCERA ENSEÑANZA: LA FE VENCE EL TEMOR
(2 Timoteo 1:7) "Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio."
La fe no significa que nunca tendremos miedo, sino que decidimos confiar en Dios a pesar del temor.
Cuando creemos en las promesas del Señor, nuestra confianza deja de estar en nuestras fuerzas y descansa en su poder.
La Palabra de Dios fortalece nuestra fe y nos recuerda que Él nunca abandona a sus hijos.
La Escritura declara que "esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe" (1 Juan 5:4).
Asimismo, Hebreos 11:1 nos enseña que la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve.
Mientras más fortalecemos nuestra comunión con Dios, más pequeño se vuelve el temor.
IV) CUARTA ENSEÑANZA: DIOS NOS LLAMA A AVANZAR CON VALOR
(Josué 1:9) "Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas."
Después de recibir la paz de Cristo, los discípulos dejaron de esconderse y comenzaron a predicar el evangelio con valentía.
Dios nunca prometió una vida sin dificultades, pero sí prometió acompañarnos en cada paso del camino.
El valor no nace de la ausencia de problemas, sino de la certeza de que Dios pelea nuestras batallas.
David pudo enfrentar a Goliat porque confiaba en el poder del Señor y no en sus propias capacidades (1 Samuel 17:45-47).
Cuando caminamos por fe y no por vista (2 Corintios 5:7), descubrimos que Dios hace posible lo que para nosotros parece imposible.
CONCLUSIÓN:
El miedo puede encerrar el corazón, limitar la fe y detener el propósito de Dios para nuestra vida. Sin embargo, cuando Cristo entra en nuestra situación, su presencia trae paz, fortalece nuestra fe y nos da el valor para seguir adelante. Así como los discípulos pasaron del temor a la valentía al encontrarse con Jesús, nosotros también podemos vencer cualquier miedo confiando plenamente en las promesas del Señor. La fe en Dios siempre será más grande que cualquier temor que enfrentemos.